Trayecto nocturno, parte 2
“¿En qué parada se bajará?”
Las palabras de Rubén resonaron por todo el vacío autobús, y cuando ya pensaba que no iban a tener respuesta, el hombre le contestó: “Hoy me bajaré en la última parada”.
Rubén echó la vista atrás para observar a sus otros pasajeros, y se dio cuenta de que todos dormían o estaban distraídos escuchando música a través de sus auriculares. Aquel extraño hombre cruzó todo el pasillo sin llamar la atención de nadie y se sentó en su sitio de siempre.
Volvió a arrancar el autobús y continuó su ruta habitual mientras lo vigilaba por el espejo central como cada noche. El ambiente era diferente. Aunque ya estaba acostumbrado a verlo, oír su voz le había dejado una sensación horrible.
Condujo un par de horas hasta que el hombre se levantó lentamente y se acercó de nuevo a él. Detuvo el autobús en la parada más cercana a la biblioteca y miró fijamente al extraño hombre.
“Esta no es la última parada” le dijo Rubén, mientras le abría las puertas.
“Si que lo es” le contesto, despidiéndose y desapareciendo entre la espesa niebla.
Con la cabeza llena de dudas, cerró las puertas y miró a los cuatro pasajeros que aún quedaban. Pensó en lo cansado que estaba, pero también en que dentro de poco acabaría su turno y podría irse a dormir.
Volvió a iniciar la marcha, recorrió unos metros por una zona residencial y luego se incorporó a una carretera de doble sentido. Aún no había terminado la maniobra cuando un camión, cuyas luces aparecieron de la nada, invadió su carril y lo chocó de frente.
Los pasajeros salieron disparados hacia adelante, golpeándose con los asientos o saliendo por las ventanas, y Rubén no tuvo tiempo ni de ver su propia muerte, quedando aplastado entre el respaldo de su silla y el duro capó del camión.
