El intercambio

Dante era un hombre de gustos clásicos y una marcada afición por el estilo vintage. Por eso, no dudó ni un segundo en comprar el armario ropero, que estaba de oferta en una tienda de antigüedades recién abierta en su barrio.

Con la ayuda de su hermano, lo cargaron en la camioneta y lo llevaron hasta su pequeña casa a las afueras, donde vivía completamente solo. Lo arrastraron hasta su habitación y allí lo colocaron frente a su cama.

Cuando terminaron de colocarlo, Dante se fijó en una inscripción tallada a cuchillo en uno de los laterales: “Una ofrenda de mayor valor hará retornar lo perdido”. Ignorándola, terminó de acomodar el mueble y, como ya era muy tarde, guardó los guantes de trabajo dentro del armario y se fue a cenar con su hermano.

A la mañana siguiente, abrió las puertas del armario para llenarlo con su ropa y se extrañó al no encontrar los guantes. Buscó por todos los rincones del mueble, pero no halló nada. Pensó que su memoria le estaba jugando una mala pasada y que quizá los había guardado en otro lugar, así que colocó toda su ropa.

Semanas después, mientras rebuscaba entre la ropa para encontrar su camisa favorita, volvió a encontrar los guantes, pero no la camiseta. Fue entonces cuando recordó la inscripción que había leído en la madera del armario. Aun escéptico, se quitó el reloj de la muñeca y lo colocó dentro. Cerró las puertas y, tras unos segundos, las abrió.

La respiración se le cortó por unos instantes y se quedó completamente inmóvil al ver cómo el reloj había desaparecido y, en su lugar, estaba la camisa perfectamente plegada. La curiosidad superó al miedo y, con los nervios a flor de piel, hizo algunas pruebas más.

Vació completamente el armario y, al colocar una cadena de oro, recuperó su reloj. Dante comprendió rápidamente que, si seguía con ese juego, cada vez perdería más, así que volvió a llamar a su hermano para que le ayudara a sacar el armario de su casa.

Mientras comían, se sinceró con él y le explicó los verdaderos motivos por los cuales quería deshacerse del objeto. Sin embargo, este se río, creyendo que se trataba de una broma, y, con ánimo de seguir el juego, se levantó de la mesa y corrió hacia el armario. Dante le gritó y lo persiguió, desesperado, pero al entrar en la habitación, su hermano ya no estaba. En el interior del armario, en cambio, encontró su preciada cadena de oro.

Lloró durante horas, tendido en la cama, buscando desesperadamente una manera de recuperar a su hermano. Entonces, la encontró. Con la mente decidida, entregó su vida y entró en el armario sin pensarlo dos veces, cerrando las puertas tras de sí. Pero no ocurrió nada. Volvió a abrirlas y vio que su cuarto seguía allí, intacto, sin rastro de su hermano.

Entonces entendió que lo había perdido para siempre y que nunca encontraría nada más valioso que ofrecerle, ya que si hubiera valorado más su vida que la de su hermano, jamás habría intentado sacrificarse.

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