Infierno verde

El bosque estaba calmado y perfecto cuando llegamos. Nos adentramos a través de un sendero poco concurrido durante horas con la intención de relajarnos y pasar el fin de semana en la naturaleza sin tecnología.

Éramos tres y estábamos acostumbrados a ese tipo de rutas, así que nos alejamos varios kilómetros de cualquier pueblo o carretera hasta que encontramos un lugar perfecto para montar la tienda de campaña.

Entre el frondoso bosque, se abría un pequeño claro donde el suelo era mullido y un manto de césped lo cubría haciéndolo aún más cómodo. Antes de que llegara la noche, Hugo y Martín montaron la tienda y yo me dedique a recoger leña que luego utilicé para encender una hoguera.

El cielo se fue tornando negro y poco a poco se desvaneció en la oscuridad todo aquello que no estaba cerca de la hoguera. Nos sentamos alrededor del fuego para cenar y pasar el rato, pero algo nos incomodaba a los tres.

“¿Vosotros también lo notáis?”, preguntó finalmente Hugo.

Los dos asentimos con la cabeza. Hacía rato que unos sonidos extraños me pusieron alerta, pero pensé que podría ser algún animal y no dije nada para no preocuparlos.

“Algo me dice que no deberíamos pasar la noche aquí” dijo Martín después de que se volviera a escuchar las hojas moviéndose de un matorral.

Intenté calmarlos de nuevo, explicándoles que seguramente había sido el aire. Sin embargo, cuando encendí la linterna y la dirigí hacia el bosque para demostrar que no había nada, una sombra con forma humana se movió rápidamente escondiéndose detrás de un árbol.

Los ruidos se intensificaron y empezaron a sonar cada vez más cerca. Antes de que aquella bestia llegara a nuestro campamento, echamos a correr despavoridos a través del oscuro bosque.

No pasaron ni cinco segundos cuando algo que no logré ver con claridad se abalanzo sobre Martín haciéndolo gritar desesperadamente pidiéndonos ayuda.

Los dos continuamos corriendo unos metros más hasta que Hugo chocó conmigo por culpa de la oscuridad e hizo que cayéramos rodando cuesta abajo.

Aquella cosa estaba sobre él, con las garras de sus pies hundidas en su abdomen, mientras le arrancaba un ojo y lo devoraba lentamente. Su piel pálida resplandecía bajo la luz de la luna, y su cabello largo, junto con los rasgos de su rostro, le daban un aspecto humano, como si alguna vez lo hubiera sido.

Me alejé lo más sigilosamente que pude de aquella horrible escena hasta que los gritos de Hugo cesaron. Entonces volví a correr porque sabía que ahora era mi turno.

Empecé a sentir su aliento en mi nuca y cómo sus pasos se acercaban cada vez más. La oscuridad me desorientó, y sin darme cuenta, regresé al campamento. Completamente derrotado, me senté junto a la hoguera, esperando mi final.

Los árboles retumbaban en cada paso que daba y cada vez estaba más cerca. Cerré los ojos para no ver aquel horror, pero no paso nada. Los volví a abrir lentamente y con cierto miedo, y entonces vi con claridad a aquella criatura, mirándome fijamente, justo en el borde, donde la luz de la hoguera acababa.

Pasé lo que quedaba de noche alimentando aquel fuego que me mantenía con vida mientras la muerte me acechaba desde la oscuridad. Con las primeras luces del día me quedé completamente solo en el bosque y con las piernas aún temblorosas por el miedo inicié el camino de regreso.

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